Este Año Nuevo quiero despedirlo agradeciendo a Dios por ponerte en mi camino. En solo 46–47 días hemos vivido recuerdos que para muchos tomarían años, y aun así aquí estamos, eligiéndonos todos los días, aprendiendo, creciendo y amándonos con el corazón en la mano.
Quiero que sepas algo que llevo muy dentro: yo no te amo solo para hoy, te amo para toda la vida. Te amo para ir contigo hasta viejitos, hasta el día en que nos tengamos que cuidar, limpiarnos y acompañarnos uno al otro sin importar el cansancio, porque el amor verdadero no se va cuando todo es fácil, se queda cuando más se necesita.
Sueño contigo, con Dios como centro, formando una familia hermosa: tres hijos llenos de amor, tres gatitos corriendo por la casa y uno o dos perritos cuidándonos. Sueño con verte vestida de blanco, llamarte mi esposa y decir con orgullo “esta es la mujer con la que decidí mi vida”. Sueño con nuestra propia casita, humilde o grande, pero llena de paz, risas, abrazos y amor verdadero.
Primeramente Dios, quiero que caminemos juntos hacia nuestras metas, que las tuyas me incluyan como las mías ya te incluyen a ti. Ir poco a poco, apoyándonos, levantándonos cuando el otro caiga, celebrando cada pequeño logro, esperando que todo lo que prometemos, todo lo que sentimos y todo lo que construimos se respete siempre, para siempre, y que jamás nos dejemos solos.
Prometo no soltarte, no dejarte sola, así como espero nunca sentirme solo contigo. Gracias por cada recuerdo, por cada palabra, por cada esfuerzo y por cada momento vivido en este tiempo tan especial.
Quiero estar contigo siempre, mi amor. Te amo con todo mi corazón, y este Año Nuevo solo confirma algo: mi lugar está contigo.
Y dime tú, mi amor…
Cuídame, porque soy único entre muchos,
así como tú eres única para mí. 🤍